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@nico_vanlooy

No risk, no glory. O sea, sin riesgo, no hay gloria. Eso decía Primoz Roglič, vestido todavía de un rojo que ya no es suyo, pero sí, al final de la décima etapa de La Vuelta. Una jornada de transición (risas de fondo) entre Roquetas de Mar y Rincón de la Victoria. Una de esas etapas en las que la fuga es un must y en la que los favoritos, eso dice el manual, están a verlas venir.

Pero el perfil, ese perfil golosón con el durísimo Puerto de Almáchar esperando a quince kilómetros de meta, invitaba a cosas. Invitaba, sobre todo, a que algunos buscaran la manera de empezar a meterle mano al esloveno. A que, aunque sólo fuera a modo de prueba ante lo que está por venir, testaran cómo le había sentado el día de descanso al líder.

Y podríamos hablar ahora de Odd Christian Eiking, nuevo maillot rojo de La Vuelta, que nunca se había visto en una así. O podríamos sentarnos a la sombra de un árbol a filosofar con Guillaume Martin y si, como es esperable con Jack Haig, más de uno se arrepentirá en los días venideros de haberle dejado la correa tan larga.

Ganar perdiendo

Pero no. Roglič es mucho Roglič y no sólo no le ha sentado mal el descanso, sino que tenía ganas de marcar territorio. Y, por eso, merece que nos centremos en él. En cómo lo tiene todo, casi todo, medido. A él no le preocupa Martin, como tampoco parecen preocuparle más de la cuenta Mas, Superman, Haig o los Bernal y Yates de un Ineos-Grenadiers que da la sensación de estar derritiéndose bajo el sol del sur de España.

Roglič quería sentenciar La Vuelta y, de paso, darle un respiro a sus compañeros. Para eso, nada mejor que ganar la carrera perdiendo el liderato. Porque Martin no le preocupa y Odd Christian Eiking, 26 añitos de puro noruego, tampoco.

Deja Roglič que se marche la fuga. Que coja cuerpo. Los demás, le miran y confían en que hoy no pase gran cosa. Que las bajadas son traicioneras y ya nos hemos llevado algún que otro susto. Y baja Roglič a charlar con su director. Y aquel le dice algo así como haz lo que tú veas. Y cuando sabe que ya es seguro que al final del día le prestará el rojo al chavalito nórdico, se pone a lo suyo, a sentenciar La Vuelta.

Los dos ciclismos

Hubo una época, antes de que todo cambiara en este deporte, en el que decir director deportivo y mánager (que no se decía, porque no había de eso), era lo mismo. Eran tipos menos sofisticados que los de ahora. Una mano en el volante y la otra en la calculadora. Había que cuadrar los números y, para eso, lo mejor, entonces y ahora, era salir en la tele. Que el patrón (que, por entonces, era el dueño de la marca que pagaba la fiesta), viese su logo botando en la pantalla.

Pero esos tiempos ya pasaron. Ahora el mánager es uno y el director deportivo, es otro. Entre medias, entrenadores personales, expertos en rendimiento, nutricionistas y algún que otro informático experto en big data. Y todos ellos, enfrentados al aficionado. En el otro lado de la cancha.

En medio, como la pelotita con la que todos juegan el ciclista. La mayoría, rendidos a ese entorno multidisciplinar y supersofisticado que, no lo olvidemos, es el que pone el plato de comida en la mesa familiar. Otros, los que se han ganado el derecho a volar libres, se rebelan y dicen eso de no risk, no glory. Y se ponen del lado del aficionado, que quiere espectáculo. Jarana.

Kuss vigila los movimientos de Haig, Mas y López
Mas, Haig y López, sorprendidos por el movimiento de Roglič | © Movistar Team

No risk, no glory

Y es verdad. No risk, no glory, debe pensar Roglič cuando una doble curva enlazada le da el primer susto. A él, que le cogió miedo a eso de saltar de trampolines nevados por una mala caída. Y también es verdad, piensa Grischa Niermann en el coche, que a este tío le pagamos para que gane La Vuelta. Y tiene un colchón bonito en la general. Y, cagon sos, verdomme, que dicen allí, qué necesidad hay de hacerme pasar una rato tan malo.

Y de repente, ¡pum! Al suelo. Llamada de urgencia al ángel de la guardia. ¿Estás ahí? Y estaba. Roglič patina por el asfalto, se acerca al quitamiedos y, por arte de magia, choca contra él casi sin velocidad. Sin fuerza. Un par de rasponazos y poco más.

Y casi se nos queda La Vuelta sin jefe. Y en Países Bajos Richard Plugge se relaja. Podría haber sido mucho peor, pero qué tarde más mala me estás haciendo pasar Roglič. Que hoy no hay allez opi omi al que echar la culpa. Y, al otro lado, el aficionado aplaude. Porque Roglič, no risk, no glory; no se ha hecho nada. Porque Roglič le ha regalado, una vez más, una tarde de Ciclismo (con mayúscula) y porque –aunque eso no lo dirá en voz muy alta–, esa caída sin consecuencias vuelve a dejar las cosas como estaban y, por lo tanto, invita a tomar nuevos riesgos.

Categorías: Ciclismo

1 comentario

Enric Mas sonríe y juega al ciclismo con Primoz Roglič - Nicolás Van Looy · agosto 25, 2021 a las 5:22 pm

[…] Christian Eiking por aquello de no hacer trabajar más de la cuenta a sus lugartenientes, el que ayer casi se deja La Vuelta intentando sentenciarla un poco más, le mete tres segunditos más a Enric Mas. El esloveno sonríe. Tres segundos no es mucho, pero […]

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