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Ventoso: “Me quedo con los 15 minutos de abrazos en Roubaix”

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Fran Ventoso ha completado en 2017 una gran campaña de clásicas / © BMC-Tim De Waele

Nicolás Van Looy / Ciclo21

Francisco Ventoso (Reinosa, 6 de mayo de 1982) camina despreocupado y sonriente entre un campeón olímpico y ganador de la París-Roubaix y un aspirante al triunfo en el Tour de Francia. Sabe que le quieren. El año pasado, a estas alturas, no sonreía tanto. Era el nuevo. Vestía de azul Movistar y ni el belga ni el australiano terminaban de ubicarle en el BMC, el equipo en el que acababa de aterrizar. Doce meses después, Van Avermaet y Porte se pelean por sus servicios. Los dos le quieren a su lado, pero el cuerpo, a los 35 años da para lo que da y, aunque no lo descarta, parece complicado pensar que el español pueda estar tragando viento y polvo en la primavera y en el Tour.

Ventoso, decíamos, camina despreocupado y sonriente porque ha encontrado su sitio. Reconoce que “el año pasado hubiese dicho que iba a ser mi última temporada”, pero la campaña 2017 le ha devuelto ese algo que se necesita para afrontar todos los sacrificios que exige ser ciclista profesional. Además, reconoce que ha “cambiado el chip” y ya no necesita ganar, sino que es feliz sintiéndose parte importante del triunfo de otros. Un cambio que no sólo ha experimentado él, sino que, y quizás esto sea buena prueba del gran trabajo realizado en este 2017, BMC, que le llevó como un hombre que debía pelear por conseguir levantar los brazos en algunas carreras determinadas, le ha reconocido ese esfuerzo y entrega con una más que merecida renovación.

En la primavera le vimos constantemente cerca de Greg Van Avermaet y, sobre todo, muy activo en todas las carreras. Si me permite, me sorprendió su rapidísima adaptación a esas carreras teniendo en cuenta que venía de un equipo, Movistar, donde el foco está puesto en las grandes vueltas, que exigen otro guión muy distinto.

Fue complicado y, a la vez, fácil. Llegué a un equipo en el que había grandes especialistas como Greg para disputar y gente con muchísima experiencia como Oss, Quinziato, Drucker…

“Pasé de ser el que mejor conocía las clásicas al peor”

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Ventoso, antes de la salida de ‘De Ronde’ / © BMC

Insisto. En carreras en las que todos ustedes coinciden en destacar que la experiencia es fundamental, se le vio muy desenvuelto. Sobre todo, teniendo en cuenta que su trabajo no era cuidar de un outsider sino de uno de los grandes favoritos a ganarlo todo.

Ya sabes que yo esas clásicas las he vivido siempre con mucho cariño. Me he quedado más de una vez y más de dos, pagado de mi bolsillo, a ver tramos de adoquín, a reconocer pequeños cambios en los recorridos… por ese lado sí que tenía experiencia, pero no la tenía al lado de un corredor para ganar las clásicas. Si te digo la verdad, no es sólo los corredores. Desde el coche el equipo está muy organizado en Bélgica, con muchísima gente en los tramos, con un gran conocimiento del terreno. Yo venía de ser prácticamente el que mejor conocía el terreno en Bélgica junto con Imanol [Erviti] a ser en BMC el que peor conoce aquello. Todo eso lo hace un poquito más fácil. Estar rodeado de tanto conocimiento… hemos estado cinco semanas en Bélgica de forma casi permanente.

Ahora que lo ha conseguido en los dos mundos en los que se divide el ciclismo y sabe lo que significa, en términos de preparación y esfuerzo una cosa y otra, ¿es comparable la alegría y satisfacción de formar parte del bloque que gana una gran vuelta con el que gana un Monumento?

[Larguísimo silencio] ¡Joder, la comparación es complicada incluso de entender! La pregunta es perfecta porque en Roubaix, ¡uf! Nos pasó de todo [sonríe al recordar y repite “nos pasó de todo”]. Pasamos los primeros tramos muy cómodos hasta que Greg tiene un pequeño problema, se queda atrás, lo quería solucionar en la bici… se empezó a ir muy rápido porque habían visto a Greg atrás, llegábamos a Arenberg… se nos complicó muchísimo la carrera. Dejamos cuatro corredores por el camino desde el tramo anterior, cuando decide cambiar de bicicleta, hasta Arenberg. Yo me bajé en el segundo avituallamiento, llegué al autobús, me duché y quedaban los últimos 35 kilómetros. Oss estaba solo por delante y le mandan parar porque la carrera se estaba complicado por detrás pese a que iba con un minuto de ventaja. ¡Encima Greg lanza el sprint muy, muy pronto! Realmente, cuando gana, es una explosión de júbilo que… sí, te lo compararía con el triunfo en una gran vuelta. Lo compararía porque se han cuidado todas las clásicas y esta en concreto con muchísimo mimo. Se ha hecho una campaña de clásicas casi perfecta y acabar con un Monumento que Greg y el equipo merecían y llevaban persiguiendo muchos años fue algo maravilloso.

¿Dónde vio el final?

En el autobús. Justo al lado del velódromo.

“En Roubaix todos fuimos muy importantes”

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Ventoso (dcha) junto a sus compañeros en Flandes / © BMC

Verlo como parte del equipo que se estaba jugando la carrera y en el ambientazo que hay siempre en el velódromo, casi desde el punto de vista del aficionado, ¿fue especial?

Sí. Son situaciones que muy pocas veces ves. O llegas un poco más tarde al velódromo y ya no es lo mismo o, como me ha tocado, desde la ambulancia o el hospital. Es diferente, pero no deja de ser especial porque sabes que has sido parte de eso. Sobre todo, con todo lo que nos había pasado en la carrera. Sabemos que, aunque ese día Greg llevaba súper piernas, todos y cada uno de nosotros fue muy importante.

A nivel personal, ¿qué ha significado, tras tantos años en un equipo vueltómano, poder correr unas carreras que le gustan tanto en un bloque pensado para ganar en las grandes plazas?

Es algo realmente diferente. Ves que sólo llegar al hotel para la primera clásica y ver ocho o nueve coches, furgonetas, camiones… cuando estás acostumbrado a viajar con lo puesto… Y es normal, porque como has dicho es un equipo que no está pensado para estas carreras. Las tienes que correr por obligación y, efectivamente, es muy diferente. El ambiente, la manera en la que todo el mundo vive dentro del equipo las carreras es realmente diferente y eso hace que te contagies y más, como dices, a una persona como yo a la que le gustaban y me gustan muchísimo.

Si pudiese poner a un lado la cuestión de resultados, ¿cuál es el momento con el que se queda de esta primavera?

Me quedo con todo el periodo. Obviamente, ves la culminación en Roubaix, pero el ambiente y todas las victorias en esos casi dos meses fueron impresionantes. Si me obligas a coger un momento, me quedo con los abrazos y vuelta a abrazar que nos dimos en el autobús cuando llegaron Greg, Dani… Esos quince minutos fueron muy especiales.

“En los sprints me siento fuera de lugar”

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Ventoso estuvo en la Vuelta a España / © BMC-Tim De Waele

A nivel personal, ¿cómo evalúa su temporada?

Para mí, ahora mismo, no son tan importantes los resultados personales como todo lo que hemos hablado hasta ahora. La satisfacción es exactamente la misma. Hace ya tiempo que para mí sprintar para hacer un quinto o un sexto no merece la pena. De hecho, en la Vuelta, tras llevar toda la carrera con muy buenas piernas, intenté meterme en la pelea el último día y yo mismo me doy cuenta de que ya no estás acostumbrado, has perdido el hábito a meterte y, pese a haber sido sprinter, te sientes completamente fuera de lugar. Para mí que un compañero gane varias clásicas en Bélgica, que Tejay tras estar bastante mal la primera semana del Giro sea capaz de rehacerse… me da una satisfacción igual que ganar.

Usted fue parte del Movistar que dominó el UCI World Tour durante años y ha aterrizado en un BMC que persigue ese mismo objetivo. ¿La aproximación a esa meta es similar o muy distinta?

Sí, hay muchísima diferencia. A parte de que el sistema de puntos ha cambiado este año y eso lo hace todo un poco diferente, pero en un sitio Eusebio mueve piezas cual partida de ajedrez casi diariamente. Unas veces en base a resultados y otras a cómo sopla el aire ese día. Aquí te puedo decir que, no sé si todos los corredores, pero en mi caso las carreras que me dijeron en diciembre han sido las que he hecho. A nivel de tranquilidad y serenidad a la hora de entrenar es, por parte del correr, muy distinto porque no te crea ese estrés de no saber para qué estoy entrenando, de no saber si voy a ir. Si a última hora te llaman para ir, no sabes hasta qué punto te sientes parte del proyecto porque te han llamado en el último momento. Efectivamente, es muy distinto.

Cada sistema y cada forma de trabajar tiene sus cosas buenas y sus cosas malas…

¡Eusebio ha ganado cuatro años seguidos el World Tour! así que mal no lo hará.

Efectivamente, pero por lo que dice, como ciclista, este sistema es mucho mejor

Infinitamente. La serenidad que le da a un corredor saber cuál es su calendario, cuándo va a correr, cuándo puede descansar, cuándo puede ir a hacer una concentración… son años luz. Estás tranquilo porque estás en casa, duermes bien, no tienes ese pensamiento de decir estoy 40 días en Sierra Nevada entrenando, voy al Nacional y el martes me dicen que ya no voy al Tour. Eso es complicado. Si te pasa una vez, vale; pero pasa a menudo. Te puedo decir que aquí ya nos han dicho gran parte del calendario en la Vuelta.

“Todos hubiésemos querido ver a Valverde en Flandes”

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Ventoso durante la concentración de BMC en Dénia / © BMC

No me resisto a preguntarle por su opinión personal. Ahora que ha vivido la experiencia de BMC y la de Movistar. ¿Alejandro Valverde ha elegido bien el equipo en el que hacer su carrera?

[Largo silencio y resopla] Alejandro ha hecho su carrera en el equipo que ha querido hacerla. A partir de ahí… es complicado. Si lo sacas de su ambiente, de su gente… no sabes qué podría haber pasado. De todas formas, tampoco creo que le haya ido mal. A todos nos hubiese gustado ver a Alejandro en Flandes o más centrado en las clásicas valonas…

Donde, por cierto, tampoco le ha ido mal

¡Claro! Por eso te digo, pero quizás más desde el principio. Se ha centrado en el Tour que es más difícil y resulta que estos años, haciendo mucho más calendario y no centrándose tanto en el Tour ha hecho sus mejores años.

Este año tenemos el Mundial de Innsbruck donde Valverde puede tener muchas opciones, pero, pensando más allá, en trazados más clásicos en las dos acepciones de la palabra. ¿A quién ve que tenemos?

El otro día estuve entrenando con Iván García Cortina, que creo que me dijo que tenía 22 años, y a ese le puedes meter en clásicas de adoquín o Mundiales durante la próxima década. Porque las vive, porque le gustan mucho y porque tiene calidad.

Además, las viene conociendo desde que formó parte del filial de Quick Step Floors

Es que, además, el año pasado le vi desenvolverse muy bien en Ronde van Vlaanderen, E3 Harelbeke, Dwars door Vlaanderen… Un día se apagó, otro se quedó sin gasolina, pero cuando está, está donde tiene que estar.

“García Cortina peleará por las clásicas de adoquín pronto”

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Ventoso con Van Avermaet en el OHN / © Tim De Waele

Lo de la gasolina, puede ser normal en un chaval de poco más de 20 años

Es normal que cuando llevas 200 kilómetros en las piernas, con 20 años, te apagues. Es lo más normal del mundo. Pero no sólo es eso. Es un chaval al que le gusta preguntar. En resumen, lo vive. Estoy seguro que en un futuro no muy lejano le veremos disputar una gran clásica de adoquín y, quizás, Amstel alguna vez.

Ya me ha dicho que ahora es feliz sintiéndose parte del triunfo colectivo, pero ¿guarda alguna ambición personal para 2018?

Siempre puedes meterte en una fuga o algo así, pero como ya te he dicho aquí todos tenemos muy claro qué tenemos que hacer en cada momento. Aquí somos todos muy honestos y decimos siempre cómo estamos y qué podemos hacer. Siempre salimos con un plan definido en base a eso y siempre estamos enfocados a un único objetivo. Por ello, la primera parte de la temporada es muy complicado y en las grandes pasa lo mismo porque estás con un líder y ni siquiera buscas las fugas. Sí, en la Vuelta lo intenté, pero fue porque ya no teníamos opciones en la general.

Oiga, no encuentro otra manera menos brusca de preguntárselo: ¿en qué demonios estaban pensando en la Vuelta a Flandes para estar tan desconectados llegando al Muro?

Veníamos de subir Ten Bosse y te metes en una carretera que pica para abajo hacia Gerardsbergen. Todo el mundo lo sabe y todos se quieren meter delante. Eso genera mucha tensión. Hubo un momento en el que Greg nos dijo vamos para atrás. ¡Y si Greg dice para atrás, todos nos vamos para atrás! También te digo: era imposible pasar. El riesgo no merecía la pena, pero casi nos cuesta la carrera. ¡Tienes toda la razón del mundo! ¡¿Qué demonios estábamos haciendo?! Pero de la manera que coronamos Ten Bosse era imposible pasar. Decidimos ir a zona de seguridad y eso implica entrar en el Muro a más de un minuto.

“Si Greg dice ‘para atrás’ no te planteas discutir”

Y luego llega Gilbert y hace lo que hace. Cuando se va, ¿ustedes pensaron que podía llegar?

Cuando Phil se va, no sólo no creímos que podía llegar sino que iba a ser muy difícil cerrar el hueco de minuto y medio con el que corona Greg. Es una locura. Greg y alguno más tiraba para intentar alcanzar la cabeza y nosotros, por detrás, para volver a entrar en su grupo porque en el Muro nos había dejado tirados [ríe].

Me decía antes que en Roubaix les pasó de todo y ganaron. En Flandes, les pasó de todo y perdieron. ¿Significa esto que las clásicas son, efectivamente, una lotería pura y dura?

Es una lotería, sí; porque la caída es una lotería, pero en el caso de Greg se demostró que estaba en su momento. Durante todas las clásicas estaba demostrando, aparte de las piernas, tener una lucidez mental impresionante. Mentalmente lo tenía muy claro. ¡Pero lo tenía claro desde diciembre! Su objetivo era Flandes y Roubaix. Cuando coronas Ten Bosse y te dice que vamos para atrás, tú vas para atrás. Ni te planteas discutírselo.

Correr las grandes clásicas con un hombre menos, ¿será igual de importante que en las carreras por etapas?

Creo que afectará menos. Estos últimos años todos los equipos que quieren ganar ponen a uno o dos corredores a controlar el ritmo, se forma una fuga de gente sin opciones, luego dos o tres equipos neutralizan… Creo que va a afecrtar muy poco.