@nico_vanlooy

Muchos dicen que el primero en usar la archiconocida frase fue Henry Kissinger, pero parece que el que fuera Secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de Richard Nixon –también de Ford, pero el dúo molón lo formó con Dick– únicamente se la copió a Franklin D. Roosevelt, que soltó, refiriéndose al dictador nicaragüense Tacho Somoza, algo así como Primoz Roglič en La Vuelta, pero en más cabrón; aquello de “sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

A veces, la alta política tiene bastante de barriobajera; pero eso ocurre todos los días en cada ámbito de la vida. Que levante, si no, la mano el primero que piense que sus conversaciones privadas resistirían 24 horas el escrutinio público. El caso es que La Vuelta llega a su segunda semana y, como ocurre en la alta política, varias potencias tienen intereses muy contrapuestos, pero algunas, todas menos una, tienen que buscar a algún hijo de puta para que les eche una mano. O sea, su hijo de puta.

Roglič, el dictador

Primoz Roglič, tan rojo como de costumbre, manda con mano de hierro. Es el dictador de una carrera que en este trienio ha hecho suya. Una prueba que, como antes sólo lograran Tony Rominger (1992, 1993 y 1994) y Roberto Heras (2003, 2004 y 2005 más la de 2000), va camino de ganar por tercera vez consecutiva. Delante de él, los demás. Las otras potencias. Con sus deseos de derrocarlo. De imponer su propio régimen.

El esloveno le ha cogido la medida a La Vuelta. Por ahora, ha fallado en sus asaltos a las otras dos grandes, si es que subir al podio (3º en el Giro de 2019 y 2º en el Tour de 2020) puede calificarse como fallo. En ninguna ha encontrado el golpe de pedal que sí tiene en España.

Y sus rivales. ¡Ay sus rivales! Lo intentan y, por el camino, se descalabran. Por ahora, tras una semana de pedaleo, apenas han conseguido arañar un poco el poder absoluto de un Roglič que, eso sí, ha venido a La Vuelta con el equipo A- de Jumbo Visma. O sea, no el eficiente A+++ del Tour, tampoco vayamos a pasarnos de frenada y pensar que son cojos los Kuss, Kruijswijk, Oomen, Gesink y compañía.

Alejandro Valverde ataca a Primoz Roglič
Valverde, ya fuera de La Vuelta, colaborando con Carapaz y Yates | © Cxcycling

Unión de intereses

El caso, decíamos, es que hace falta que Movistar, la potencia mejor posicionada ahora mismo para derrocar a Roglič, Ineos-Grenadiers, Bahrain-Victorious y, por qué no, Trek-Segafredo tienes que buscarse a un hijo de puta. Al suyo. Y, lo normal, es que lo encuentren. Porque cada uno puede ser el del otro y el otro, el del uno.

Por lo visto en la primera semana de La Vuelta, Roglič es un líder sólido al que, si los Enric Mas, Superman López, Egan Bernal, Jack Haig (alguien se arrepentirá pronto de haberle metido en carrera de nuevo en el Balcón de Alicante), Adam Yates o Giulio Ciccone se empeñan en seguir atacando de forma individual, poco parece tener que temer.

Sin embargo, su punto de débil, su único flanco expuesto, puede ser el poderío grupal. Ni el recorrido ni, sobre todo, las piernas frescas que se presuponen en una primera semana han permitido a los otros bloques hacer mucho daño a un Jumbo-Visma que, eso sí, ha mostrado, fugazmente, alguna flaqueza cuando el bombardeo ha sido por saturación.

Tregua antes de la guerra

Así pues, la segunda semana debe ser la de las alianzas impensables. La de los hijos de puta de cada cual. Los Ineos-Grenadiers de Bernal y Yates –y Carapaz, fíjate tú por donde– y los Movistar de Mas y Superman olvidándose de sus cositas y trabajando juntos para hacer morder el polvo a Roglič.

Cualquiera de los dos nombrados, con los Baharain-Victorious de Haig o los Trek-Segafredo de Ciccone, que tienen traductores estupendos para los hispanoparlantes telefónicos y granaderos en las figuras de Landa y Juanpe López, quizás, el hombre destinado a ser el gran descubrimiento de esta edición de La Vuelta, una carrera que siempre nos deja en el carril de salida a la próxima gran sensación de las grandes pruebas por etapas.

Lo inteligente, parece, es pactar una tregua. Un todos contra Roglič. Plantear esta segunda semana de La Vuelta, en la que las piernas empezarán a doler y el recorrido ya se pone juguetón como una tregua. Una alianza para derrotar al esloveno. Para llevarlo al norte, al predecible frío cantábrico, tocado y, en el mejor de los casos, hundido.

Los Ineos-Grenadiers, al ataque

Después, sálvese quien pueda

Y luego, cuando volvamos a descansar ya camino de Laredo, olvidarse de los pactos y las amistades frágiles, fugaces y peligrosas creados al calor de los intereses de una guerra. En la tercera semana, brutal, ya nadie será nuestro hijo de puta. Será, simplemente, el hijo de puta. Y habrá que vencerle.

Sálvese quien pueda, que se suele decir. Con Roglič tocado o no. Con alguno de los conspiradores, seguro, fuera de combate por aquellas cosas que tiene una semana entera de pedales. Con otros, también seguro, con opciones de todo.

Llega la segunda semana de La Vuelta y llega, en fin, ese periodo en el que hay que comenzar a ganar la carrera, aunque sea aliándose con tu peor enemigo. Porque sí, puede que sea un hijo de puta, pero… ¿no lo somos todos en alguna ocasión?


1 comentario

El 'no risk, no glory’ que casi le cuesta La Vuelta a Roglič - Nicolás Van Looy · agosto 24, 2021 a las 5:17 pm

[…] de Almáchar esperando a quince kilómetros de meta, invitaba a cosas. Invitaba, sobre todo, a que algunos buscaran la manera de empezar a meterle mano al esloveno. A que, aunque sólo fuera a modo de prueba ante lo que está por venir, testaran cómo le había […]

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